domingo, 31 de agosto de 2025

Tarot | Explicando los arcanos: VI, Los Amantes

 

 


    Cuando comencé con el estudio del tarot me preguntaba por qué existían tantas versiones de la baraja. Luego, en la practica descubrí que existen porque la interacción con los arcanos hace más receptivo e intuitivo al tarotista, su experiencia y conocimiento también su espiritualidad se acrecientan, incluso su carácter se hace patente en su interpretación del tarot, dándole personalidad a los mazos que eventualmente crean. Eso es lo lindo de usar diferentes mazos de tarot, sentir la energía de cada uno y abrirse al caudal de conocimiento implícito en cada uno de ellos. El estudio del tarot amplifica la sabiduría desde la intuición y la meditación de las imágenes y sus símbolos. Mi mazo favorito últimamente, de mi uso personal, es una baraja preciosa de Gatos Mágicos. Con éste inicio una serie de pequeñas claves de interpretación de los arcanos del tarot, escogida previamente la carta en una lectura. La primera, la que inspiró este texto, ha sido Los Amantes.


Los Amantes 

La vida y la existencia en su justo equilibrio

 

• Acá en este mazo, el arcano 6, Los Amantes, sólo tiene dos figuras que se miran; el pico de la montaña (algún logro, la cumbre de un éxito) al fondo en medio de las figuras centrales nos habla ya de una relación en igualdad y equilibrio, conceptos clave de la numerología 6 y del arcano. Los Enamorados, o Los Amantes, es una carta del tarot que se refiere a la armonía, los vínculos y el amor, pero también al equilibrio y las decisiones justas, equitativas.   

• El equilibrio queda patente en la imagen misma, donde destacan dos lados opuestos complementándose, dos extremos identificables como los dos llamativos arboles dentro de la escena: el árbol del conocimiento, del lado femenino = yin (energía pasiva), con las manzanas (fruto de la sabiduría; la ciencia) y la serpiente (la tentación; el diablo), y el árbol de la vida, del lado masculino = yang (energía activa), la zarza el llamas (símbolo de Dios). Todo este conjunto hace referencia a como el conocimiento va en equilibrio con la vida: ese es el balance que asegura el éxito. Todas nuestras decisiones deben apuntar al florecimiento de la vida. Arriba se observa el sol radiante y abajo el pasto verde: luz y firmeza en medio de los contrastes de la existencia, dándonos a entender que todo en este mundo, hasta lo más dispar, es complementario, y la existencia se trata de vínculos y relaciones en las que ha de imperar la armonía si uno aspira a la claridad, la luz, la fluidez desde su esencia. El paralelismo equilibrado en la escena remite al signo zodiacal que para mí rige a esta carta: Géminis ♊︎, arquetipo de relaciones interpersonales, comunicación y fraternidad, también de dualidad. 

 Claves de interpretación 

     Buscar el equilibrio en las relaciones y vínculos; recordar que la sabiduría no está reñida con la vida, todo lo contrario: sabiduría es el conocimiento al servicio de la vida, para su calidad y florecimiento; Dios y el diablo, ciencia y fe, espíritu y materia: todos los opuestos terminan siendo dos caras de una misma moneda, se complementan. Tender puentes de entendimiento es lo fundamental, elevar la perspectiva nos ayudará a comprender como se pasa de la luz a la sombra, y viceversa.



viernes, 29 de agosto de 2025

Meditación ocho: Una bella ilusión

 

     La existencia toda es una narrativa inventada por la mente. A veces triste, a veces feliz. Mi propia narrativa, mi historia personal, mi familia, mi tranquilidad, mi vida hoy, es perfecta: funciona. La agradezco y honro cada día la compañía de todos los seres y situaciones que en ella acontecen. En especial hoy, mientras escribo estas líneas, porque acabo de cerrar un ciclo completo de ignorancia. Por primera vez en mi vida estoy viviendo sin miedo, en consciencia de la eseidad. De la esencia infinita del Ser que soy, que somos todos. Siendo el mundo como es, lleno de sombras e ignorancia, mi preciosa vida es una bendición muy grande. Hoy reconozco su valor espiritual y la disfruto aquí ahora, a plenitud y sin aferrarme a ella de mala manera. Porque esta vida especial se enmarca en una existencia mundana, y lo mundano no perdura. Todo lo mundano cesa, sea placentero, sea doloroso. Así como no me engancho a episodios de dolor, tampoco lo hago a los gustos al deleite. La clave es situarse por encima de ambos, dirigirse por la vía del medio, navegando por el río existencial sin anclarse a las orillas del sufrimiento o del gozo. Porque todo en este mundo nace, se conserva por un periodo de tiempo, luego muere. Aparece y desaparece de pronto, de la misma forma en que emerge. Ahora que me conozco en este yo sin yo, la esencia inefable y suprema, puedo salir fuera de la ilusión del mundo para volver a entrar en ella a consciencia. Consciente del Poder, ese poder interno y a la vez supremo unificador de todas las almas. Hoy vivo en medio de la existencia consciente de Lo Real, sabiendo que el resto es pura ficción, una ilusión. Una ilusión existencial que al menos yo, desde la paz, el contento y la benevolencia hacia todos los seres, procuro que sea bella.


 

viernes, 8 de agosto de 2025

Relato | Teatro

 

  

     Todos los días, antes de salir de casa, Arnaldo se coloca su careta de cortesía y cruza por esa puerta listo para representar el papel que le toca en el drama colectivo de la vida moderna.

     Cuando llega al trabajo se abre el telón. Saluda respetuosamente a personas indeseables que preferiría ni mirar, acata las instrucciones de la cretina clasista que tiene por jefa; escucha atentamente lo que le cuentan sus colegas (mientras lo que en realidad desea es trabajar en silencio y sin interrupciones), se ríe de chistes estúpidos y frases obscenas que ameritan una bofetada con guantelete de hierro a quien las dice. Siempre presta oídos a todos. A nadie regala su voz.

     Nuestro Arnaldo dice lo que debe decir puntualmente, con parsimonia, sin alterarse porque se conoce demasiado. Tiene el carácter de una cobra: si lo azuzan mucho es capaz de arroja veneno por la boca. Pero así como las serpientes son ordeñadas para extraerle la ponzoña, Arnaldo también tiene su técnica secreta para expulsar el tósigo acumulado. La escritura. Pero eso es algo que pocos saben, y a nadie importa.

     Llega el final de la jornada laboral. Hora de irse. Y de unirse con la gente que hace vida en el caos allá afuera. Arnaldo sale del pequeño edificio de corretaje de seguros junto a un tropel de oficinistas en dirección al subterráneo, bañándose en los sudores y alientos de la multitud agolpada a punto de embutirse en las tripas metálicas de aquel apestoso gusano de acero que se desplaza por las entrañas de la ciudad. Los vagones liberan chorros de gente en cada estación, y en la última a Arnaldo, que sale a la superficie ya a oscuras, casi corriendo, sorteando las calles lúgubres, la lluvia y los atracos en los callejones con un solo objetivo: llegar a casa.

     Y se cierra el telón.

     Arnaldo abre la puerta de su apartamento, se saca los zapatos, se arranca la máscara, prepara café, toma sus libros, lápiz y papel y vuelve a ser él. Lector empedernido, aficionado a la literatura, escribe seguro de que si no lo hiciera, para salvarse del odio y las frustraciones producidas por la calle y la vida entera, ya se habría muerto ahogado en su propia hiel. Cuando culmina el tedioso día de Arnaldo comienza su verdadera existencia: de noche, entre libros y letras, leyendo y escribiendo plácidamente en la silenciosa soledad de su buhardilla. Cuando ya es suficiente –trata siempre de no ser sorprendido al alba con los libros en la mano– apaga las luces y se va a dormir.

     Hasta la próxima función.

 

FIN


jueves, 7 de agosto de 2025

Relato | Reminiscencia de la calavera

 


     Estoy en un punto de mi vida que podría llamar vacío fértil. Si tuviera que compararme con los arquetipos del Tarot, sería el Arcano sin nombre. Salí de mi patria, y allí dejé muerta y enterrada mi adolescencia, mi juventud. Ahora estoy aquí, viviendo una nueva etapa, hecho un hombre maduro; cosechando el fruto de algunos de mis sueños de niño, viendo materializados mis pensamientos de joven, creando la vida que pienso para mí. Me he liberado de la coraza de creencias familiares, sociales, culturales. Se pudrió y se me cayó de a poco esa piel envejecida, ajada, seca, que recubría mis huesos, el forro de la pesada historia de mi familia y de mi país. Era casi que un traje ridículo que me revestía mas no me representaba. Enterrar esa identidad que me crearon, eso que me enseñaron a ser fue lo mejor que me pudo pasar. Y no la ignoro, para nada. Hice muchas cosas interesantes a partir de ella, porque creía en ella, y estuvo bien. Pero no era lo mejor, tampoco la esencia. Me despedí con tiempo de ese muchacho que era. Le dí santa sepultura: lo honro, de vez en cuando le pongo flores. Le agradezco que haya abandonado este plano terrenal para que yo sea. Con su muerte le hizo espacio a la verdadera vida.



     Llegué al exilio en los huesos, como el arcano trece. Estoy renaciendo. La existencia es un fondo negro como el espacio, para ser llenado de energía, de una nueva luz, con nuevas estrellas. No soy ya la imagen que miro, con la que se identifica y me identifican en el mundo allá afuera, soy la calavera que está detrás, símbolo universal de lo humano. Me muevo en dirección al futuro, igual que la figura en el tarot; esta vez desde el alma, que no tiene ningún revestimiento, ninguna forma concreta. Soy energía, pulsión vital: la esencia que crea, que mueve todas las cosas.

     También soy una osamenta. Esa es mi verdadera imagen. La que nadie ve pero allí está, protegiendo mis órganos, sosteniendo toda mi estructura. Mis huesos pelados evocan humanismo, humanidad. Mi cráneo es la bóveda que custodia mi pensamiento. Y todo tiene su origen en el pensar. El pensamiento detona la acción, principio creador. No por nada Aries, primer signo zodiacal, el iniciador, rige la mente, el espíritu y la acción en el mundo. Todo lo que es, primero ha sido pensado. La idea impulsó la voluntad de crearlo. También de destruirlo, de transformarlo, darle muerte para que (re)nazca algo mejor. Escorpio, octavo signo, el regenerador, simboliza el fin de la vida como la conocemos, la transmutación de la esencia, el dejar ir para nacer de nuevo. Ambos signos están implícitos en la treceava carta: vida, muerte, acción, renovación. Todo a partir del destello de una idea, de la lucidez, del entendimiento que es toda luz, una chispa, un fogonazo en medio de la oscuridad.



     El mundo es duro, es difícil, a veces un verdadero horror, todos hablan de ello. Les encanta. Es el tema diario de los noticieros, de las redes sociales. Lo que pocos saben es que en este mundo que parece no tener sentido el sentido se lo damos cada uno de nosotros, con nuestra inteligencia y decisión. Todos podemos elegir. Armar una estrategia para vivir, para alcanzar lo que se desea, para aprovechar las oportunidades, para cambiar, para servir, para ayudar. Elegir crear la vida, en lugar de amoldarse obligados a la existencia, a un mundo que disgusta. Sartre lo sabía: “Estamos condenados a ser libres”, dice. El pensamiento libera, porque crea. Piensa en la realidad que deseas, cree en ella, créala. Creer es crear crear. Este es un mundo material, objetivo, sin alma, el alma está en los sujetos, los seres que lo pueblan. El mundo tendrá el sentido que le demos. Quieres un mundo más humano, más espiritual: ponle de tu inteligencia y espíritu. Lo que le sigue al arcano trece es el ángel de La Templanza, el alma. Estoy y voy hacia allá.



     Todo lo que vemos allá afuera, lo que llamamos mundo, son escenarios que otros han creado, que sus vidas entrelazadas a la nuestra nos plantean. Pueden gustarnos, o repugnarnos. Si vivimos en una sucesión de escenario nefastos, naturalmente la vida será odiosa. Mejor salirse de ese mal teatro, moverse, cambiar, ampliar la mirada, los horizontes. Ganar una cosmovisión. Comenzar a ver mundo completo y elegir una bella ficción. Elegir conscientes cuales personas, lugares, actitudes, situaciones, formas, hacer parte de la trama de nuestra existencia. Escribir me ha enseñado a mirar la vida como el proceso de creación de un libro. Nuestra existencia es una novela, cada página un día, cada año (o varios) un capítulo, cada situación una escena, cada ser en nuestra vida un personaje. Cada uno de nosotros es el gran narrador protagonista. Quien se convierte en el narrador testigo está jodido. Somos los autores de esta gran obra que es vivir. Si un personaje no nos gusta, si ya cumplió su rol en la historia, lo eliminamos. Si el argumento se nos escapa de las manos, lo replanteamos. Si queremos introducir una nueva escena, un nuevo capítulo, lo hacemos. Es nuestra historia. Nuestra pequeña obra de arte. La más importante creación del Universo. Estamos aquí para hacer que funcione. Vivir una bella ficción para nuestra satisfacción, eso lo es todo. Con eso basta. Ya no vivo para el mundo que me vio nacer. Vivo para el mundo que voy creando porque lo creo posible.

     El mundo de mis abuelos, de mis padres, el mundo en el que me crie de pequeño caducó y está siendo enterrado. Son los restos a los pies de la calavera, caput mortuum. Como sociedad, nos quedan algunos restos de piel en el esqueleto, recuerdo de lo que fuimos, de dónde venimos. Pero la materia, la estructura, ya está acabada: vamos hacia otro lugar, sin duda.



     Ahora tengo 30 años. Vivo una vida feliz, en paz. Superé mi primer retorno de Saturno, eso es bueno. Muchos no pasan de los 27. Estoy tan tranquilo que parece que estoy muerto, pero no: estoy renaciendo. Aunque no estoy muerto, cierta muerte era necesaria para la vida: mi vieja identidad sepultada. Me he liberado de (casi) todas esas creencias obsoletas, que la mayoría ni se da cuenta de que tiene, y la generación anterior a la mía, esa que ignora la psicología humana, el autoconocimiento, y le aterran las terapias, da por sentado y normaliza. Porque así fueron educados. Y a su vez, así intentaron educaron a nosotros: en las obligaciones, la moral y el deber ser; en la insistencia en los dolores y la tragedia del mundo y que por eso haz de hacer lo que te toca, soportar la vida aunque la odies; criados en el miedo, a los golpes. Si el mundo es toda la tragedia que vemos en las pantallas, lo es así lo cree la mayor parte de la humanidad, y según lo que cree, crea.

     Yo creo desde el alma.

     Y tú que me lees ¿En qué crees? ¿Desde dónde creas?



FIN


lunes, 4 de agosto de 2025

Relato | La Calavera

 

 

      

     A diferencia de muchos, la idea de mi propia muerte no me atemoriza en lo absoluto. Al contrario, lo que siento es una devota fascinación por su símbolo más emblemático: las calaveras. Todo comenzó cuando yo tenía ocho años y, en compañía de mi maestra y un grupo grande de niños integrantes de varios cursos de la escuela, viajé al Museo de Antropología ubicado en el estado más próximo a la ciudad como parte de un paseo escolar; una de las pocas vivencias infantiles que guardo en lo más profundo de mi memoria.

     Fue allí cuando, en medio de todas las cosas que se exponían ese día en el lugar, mi naturaleza curiosa me llevó hasta una sala en la cual se exhibían diferentes reliquias pertenecientes a los ritos funerarios de las primeras tribus indígenas que poblaron la región. Según las explicaciones repartidas en grandes rótulos negros con letras blancas por las distintas paredes del inmenso salón, estas tribus acostumbran a depositar los cuerpos de sus muertos en sendas vasijas de barro en lugar de enterrarlos, por lo cual en medio de la sala se ubicaban seis de éstas, todas enormes, con sus respectivos difuntos milenarios dentro, ornamentados y coronados con guirnaldas de flores resecas por el tiempo pero extrañamente conservadas.

     Recuerdo asomar mi cabeza inspeccionando el contenido de las vasijas, una por una, observando sin mucho entusiasmo los restos colocados en el interior, para luego alzar la mirada y, al voltear a mi derecha, toparme de súbito con un vetusto y ocre cráneo humano. Esa cosa sí que me asombró. Nada que ver con los dibujos que ilustraban la canción de Los esqueletos en el libro de clases: ¡estaba frente a una calavera de verdad! Quedé obnubilada por un breve instante ante aquel descubrimiento –«¡ay, un cráneo de verdad, una cabeza de un muerto!» no dejaba de repetirme para mis adentros– tan extraño. Ni siquiera los huesudos de las vasijas, con sus coronillas agrietadas y curtidas por siglos de tierra, me impresionaron tanto como esa sola visión. Aquel cráneo a un palmo de mis narices, con la vitrina en medio como única separación, tan cerca que se producía un horrible efecto visual de mis propios ojos reflejados por el cristal dentro de sus orbitas vacías y oscuras, como si de vuelta la calavera me mirase. Aun así yo no sentía nada de miedo. Más bien tenía unas ganas imperiosas de tocarlo, de tenerlo entre mis manos –como el hombrecito barbón que sostiene uno en la portada del Hamlet para niños de la biblioteca– para poder mirarlo con más detalle. En ese instante me asalto una idea, un pensamiento que hasta hoy llevo en la mente tan claro como si todo fuese sucedido ayer: «Entonces, ¿así somos todos por dentro, verdad? Llevamos una calavera igual a todas partes, en todo momento, siempre sobre los hombros, oculta entre el pelo y la piel. Y si esta es la muerte, ¿quiere decir que llevamos la muerte encima?» Eso era lo que exactamente pensaba mientras miraba el cráneo en la vitrina e instintivamente me llevaba las manos al rostro y las colocaba en forma de estrella sobre mi cara, tanteándomela con los dedos…

     Pronto me sacó la maestra de mis cavilaciones, asiéndome de un brazo para llevarme junto a mis compañeros de clase, visiblemente molesta pues había estado buscándome por toda el lugar y ya era hora de que me uniera al grupo para seguir con el recorrido. Mientras continuaba la visita, no me concentré en otra cosa que no fuera el gran alivio que sentía luego de la revelación que tuve en mi anterior encuentro con la calavera: todo el tiempo los adultos relacionando cráneos con el peligro y la muerte, y resulta que todos llevamos uno día con día sobre nosotros. «Su forma es extraña, da miedo, pero si es así no debe ser tan malo», pensaba yo en el trayecto hacia la próxima exposición.

      Después de ese primer encuentro tan particular, tan revelador, le tome un gusto inusitado a todo lo que tiene que ver con calaveras, además de haber perdido prematuramente ese miedo a la muerte que tanto acosa a los mortales. Con el paso de los años comprendo mejor lo que aquel secreto instante de mi vida significaba: una prematura revelación de que la muerte es parte de cada persona en la tierra y no la abandona ni por un segundo. Desde entonces, siempre que me miro al espejo y contemplo mi rostro, no me olvido nunca de la calavera que se oculta detrás.

FIN


viernes, 1 de agosto de 2025

Acerca del Tarot

     Estoy meditando acá, tal como el gatito del 4 de copas, el mensaje para el lector referente a esta serie de cartas que el mazo me acaba de arrojar en respuesta a una pregunta que ya tenía internalizada pero ni siquiera dio tiempo de formular en voz alta, porque las cartas saltaron del mazo: ¿Qué mensaje del Gran Arcano tiene el tarot referente a este nuevo mes que comienza? Mi idea es hablar de tarot compartiendo el mensajes de los arcanos en mi blog al mismo tiempo que comparto también la visión que he desarrollado con la practica y el uso de esta herramienta de autoconocimiento tan maravillosa.


Las cartas, develadas todas en ese orden, fueron las siguientes.

4 de Copas – Rey de Espadas – Reina de Oros


     El 4 de copas tiene dos connotaciones, la clásica referida a la persona insatisfecha que no valora lo que tiene ni las oportunidades que se le ofrecen, y otra algo más elevada que sería verla como el arcano del meditador, ya que la figura central (sobre todo en este mazo) se encuentra con los ojos cerrados en actitud calma, concentrada en su ser interno, imperturbable frente al mundo, sin apego a sus posesiones las tres copas al frente— ni tampoco en un éxtasis divino: únicamente fluye con su espiritualidad, se sabe uno con el Ser en esencia y lo vive a plenitud sin pregonarlo. En todo caso, el mensaje de esta carta es de introspección. Quizá los primeros días de este mes sea necesario volver los pasos hacia el sí mismo y hacer un ejercicio de agradecimiento por lo que se tiene hoy, ahora; lo que amamos y quienes nos aman en medio de tanto caos. Tomar una pausa para darle valor a lo esencial y volver a esas cosas y personas que nos animan, que le dan sentido a nuestra vida

    La lectura mejora con la aparición del rey de espadas y la reina de oros. Dos reyes en tronos de piedra representan estabilidad y concreción. En el plano mental —espadas— y material —oros— la situación está consolidada. Pensamientos claros y firmes, éxito en asuntos de orden intelectual, también legal; una economía fluida y prospera. Las ideas se transforman —la mariposa en el trono del rey— dando paso a un nuevo sistema de creencias; el pensamiento y la argumentación es clara, firme y decidida; la vida material y los vínculos florecen. Todo esto auspiciado por el buen juicio, toma de decisiones y estrategia, sabiduría en el uso de los recursos y talentos propios, también con la cooperación de personas importantes o influyentes (jefes, jueces, consejeros, maestros) que nos brindarán su apoyo. Agosto, regido por los signos Leo y Virgo, según el orden zodiacal, es un mes para centrarse (si es que aún no se ha hecho en el año) en el brillo personal, los talentos y habilidades (♌︎), trabajar en en ello a diario, cultivarlos, hacerlos productivos, darles estructura para que se fortalezcan y florezcan (♍︎).

 

El mazo

¡Un tarot de gatos! Claro sí. Estamos en el mes Leo, obvio tenía que usarlo. Además, es precioso, está entre los mazos de mejor calidad que tengo. El colorido y las imágenes son hermosas, bastante precisas en su mensaje. Los arcanos transmiten una vibra muy bonita, enérgica y nítida. En mi experiencia, por el contacto con el mazo vas también sintiendo el carácter de la persona que lo ha creado. Éste está hecho por una persona con mucha alegría, arte y belleza para entregar. Su mazo tiene un sentido muy lúdico y al mismo tiempo profundo. Me encanta. Es de mis favoritos. Se llama Gatos Mágicos, su autora e ilustradora: Betti Greco.


     Gracias por llegar hasta acá y leerme. Nos leemos en una próxima carta. Bienvenidos a mi universo,

Heclist.

Acerca del Tarot | Mensaje de Marzo

  A mi pregunta mensual ¿Cuál es el mensaje del Gran Arcano para este mes que comienza?  La respuesta del tarot ha sido tan clara que podría...