El Sol y la Tierra vistos desde la Estación Espacial Internacional, fotografía del astronauta Jack Fisher (@astro2fish)
I
Todo lo que he estudiado con amor y devoción, la literatura, el tarot, la astrología, me ha llevado a volver los pasos hacia adentro de camino hacia mí misma. Lo que mejor me sale es pensar, reflexionar, observar el mundo y sacar mis propias conclusiones acerca de todo; contemplar la vida, los seres, y discernir acerca del teatro de luces y sombras donde se desenvuelven, luces y sombras que también están en mí como un ser/humano más: un ser que se experimenta en el plano humano, elaborando mi propia cosmovisión, nutrida de aquello que favorece a la luz, e intentando a diario que la luz disipe las sombras.
Mi existencia se basa no en la acción y el primer plano sino en la observación, la contemplación y el análisis; en principio buscando conocimientos, para resolver el acertijo existencial, tratando de encontrar el sentido a una vida que vista desde lo humano es terrible y absurda. Hasta que se mira desde el ser. Allí cambia totalmente la perspectiva. Nacer con esta inclinación a la observación y la reflexión me puso en el camino correcto. Estoy desde que nací en el camino del entendimiento de uno mismo, tengo mucha suerte de estarlo a pesar de ir en sentido opuesto a todo el mundo. No todos comprenden que todo empieza y termina en el Ser, y algunos ni lo sospechan, nada contemplan sino que “hacen” y “actúan” tejiendo la circunstancias mundanas tomando los hilos como vienen, arrastrados por los acontecimientos sin detenerse a pensar en que diablos están haciendo. Prestar atención y reflexionar la vida me ha salvado de eso, de perderme en el mundo, de andar como muchos corriendo a la nada, sin expresar ni vivir, construyendo al vacío, sin sustancia. Lo que no quiere decir que mi vida contemplativa sea más fácil. Para nada. Lo fácil es amoldarse a las circunstancias, no cuestionarse nada, nacer, existir, morir como un soldado: todos unidos inmolándose por una misma causa, sin objetarla, incluso si está equivocada. La observación, la meditación, la introspección generadora de lentitud, silencio, soledad, va a contracorriente, y los que vamos a contracorriente terminamos atropellados por la multitud moviéndose a toda prisa. Lo que nos queda a los contemplativos es salirnos del escenario, ponernos a un lado, en la periferia, al margen de la escena, buscar la calma y la claridad, salir del mundo e ir hacia uno para discernir entre lo esencial y lo accidental, lo falso y Lo Real. La visión que se desarrolla en la meditación del Ser, la vida y la existencia, vale la pena compartirla. Invitar al resto de la gente a pensar, a que saque ella también sus propias conclusiones. Para que todo el que haga mundo lo haga desde el ser, alineado a su divina y real esencia.
El camino hacia el Ser no garantiza ese éxito mundano que deslumbra a todos los que escogen tener antes de ser, eligiendo no entrar en conflicto con el mundo a costa de sí mismos. Es un camino complejo, no obstante, es el real. Enfrentarse al velo de sombras e ignorancia, desengañarse del mundo, buscar La Verdad —el Ser—, negarse a continuar la trama existencial con los mismos hilos ajenos, desde el mismo punto, e incorporar el sagrado hilo de la vida creando un tapiz humano hecho de la propia esencia, ese es el gran desafío de vivir en medio de lo que meramente existe. En la insistencia de encontrar la esencia, asumiendo el desafío de vivir, la misma vida abrirá canales de cambio evolutivo. Pero hay que abrirse a elevar la perspectiva más allá de lo humano. Siento que los errores humanos no se corrigen siendo más humano sino más espiritual. No religioso, ni dogmático. Espiritual: conscientes de la entidad sutil que somos, conocedores de nuestra alma — para poner el alma en todo.
II
El camino hacia al Ser se trata de la vida espiritual, que es la verdadera vida. Pero no hay que confundir, repito, la religión con la espiritualidad. Se puede ser religioso e ignorar por completo la espiritualidad; hay religiones que santifican la guerra, glorifican la pobreza… Una religión es un sistema de control humano, y como todo lo humano, tiene sus fallas. Creo que es la puerta de entrada al entendimiento de lo espiritual, del alma, pero en cuanto los religiosos se atascan en leyes, tradiciones, ritos y postulados, quedándose en lo accesorio, se pierde la esencia. Los asuntos del alma terminan disfrazados de asuntos mundanos completamente alejados del Ser. Por otro lado, ateos o creyentes, religiosos o no, bondadosos, sinvergüenzas, todos somos seres espirituales. Todos tenemos un alma, sin excepción. Quien se desvía, o peor, quien nunca encuentra la senda hacia su propia alma, ese es el verdadero agente de sombras y mal en el mundo. El que proyecta oscuridad ignora su propia luz, ergo no puede ni mirar la de otros. Va de espaldas a la vida.
Si no hay comunión con el alma, sino encuentras serenidad ni paz, avanzas hacia la nada. Aunque sientas que estas haciendo de todo, si no es desde la paz de tu alma estas perdido.
Antes de convertirse uno en parte activa del drama humano habría primero que reformar la mentalidad y las creencias, orientarlas hacia el ser que uno es en esencia. Así se alcanza una cosmovisión: más que una mirada, una filosofía o punto de vista, se trata de vivir en la integración del espíritu y la materia, descubrir esa visión cósmica que reconoce la vida fluyendo antes, durante y después de la existencia, y ser en función a ello. Sólo se puede vivir en paz, con responsabilidad real, imperturbable ante el mundo, entendiendo la realidad última dentro de la realidad relativa, esto es, la vida en medio del dilema existencial. Y una vez se llegue a la comprensión última, no olvidar. Que la ilusión del mundo material no nos distraiga y olvidemos de nuevo quienes somos. Somos un alma. El mundo sólo tiene sentido por el alma; se santifica, se sublima, es bendecido, desde esa alma. Todo lo mundano cesa. Lo que permanece es lo hecho desde el espíritu inteligente y sublime del ser, por y para las almas: arte, música, literatura, poesía, ciencia, educación.
III
Mi viaje de camino al Ser, hasta llegar a la comprensión última, tomó 30 años. Toda una vida. Hoy tengo 34 años y apenas empiezo a introducirme formalmente en la existencia, enfrentándome al reto de trazar una ruta en armonía con la esencia y la naturaleza. Mi naturaleza observadora, pasiva, contemplativa, mística, se expresa a plenitud desde la escritura, el oficio más hermoso del mundo, si me preguntan, porque implica el comunicarnos alma con alma más allá del tiempo y el espacio, sin limites sociales ni culturales; una divina conversación intemporal, luminosa, se da entre autores y lectores, acompañándose a través de la vida en un dialogo incesante por los siglos y las eras. Dice Arturo Pérez-Reverte que “un lector es un amigo”, pero es que un autor es también un buen amigo, un maestro, una palabra oportuna cuando nadie más es capaz de dártela. Tal es la magia de la palabra. Tal es su poder.
La palabra nos conecta. Entonces, desde mi esencia y naturaleza yo elijo construir un puente de comunicación desde el arte y la mística, el tarot, la astrología. Parte del auténtico camino al Ser empezó aquí, entre cartas del tarot y cartas natales, más afines a mi naturaleza introspectiva e intelectual, que intuía la sabiduría como algo que viene de adentro hacia afuera, no al revés. El lenguaje simbólico de los astros y los arcanos contiene esa sabiduría, su mensaje es directo del ser, hacia el ser. Yo sólo leo, observo, descifro los códigos desde lo que soy, y escribo. Transmito la información, saliendo todo lo que puedo del personaje egoico para hablar desde la cosmovisión. Dejando que el ser se proyecte a través de mí. Soy consciente de que mi cultura, mis creencias, mi pensamiento, permean el mensaje. Ahora me concentro en hacer posible una obra libre de las oscuridades de mi carácter, de mis prejuicios; centrada en luz del ser que somos. La oscuridad se disipa cuando entro en contacto con mi alma mientras escribo. Ese es el primer hallazgo feliz: el encuentro con el alma se da mientras haces lo que amas. Escribir y comunicar ideas se me da con absoluta facilidad, es un placer y una felicidad. Cuando escribo habla mi verdadero yo, habla la esencia.
IV
Es arduo el camino; no es sencillo ser en medio de la vorágine humana, pero así es el mundo, hay que lidiar con los obstáculos, la separación, la ilusión. Lo importante es no perder el rumbo cuando se está en el camino adecuado. Cuando somos fieles a nuestro corazón, cuando el alma está en paz con lo que somos y hacemos (aquello que refleja lo que somos) estamos en el recto camino. Y si se está perdido en el mundo, lejos de sí mismo, hay que detenerse hasta alejarse por completo y regresar, volver los pasos hacia sí. Entendiéndose a uno mismo se entiende la totalidad. En el Ser comienza la comprensión del mundo.
Todo está claro, la verdad del ser está allí para quien la quiera encontrar. Pero debe comenzar el viaje al interior de sí mismo. Comprender la esencia es vital para que todo aquello que se haga tenga sentido, tenga corazón, se sostenga en el alma y sea verdadero, real, eterno. Sostenido en los pilares del ser cualquier cosa material es de bien y valor. Sólo desde esos fundamentos vale la pena crear. Fuera de ellos todo es sombras e ignorancia.

