Tradicionalmente, El Loco es una suerte de arcano comodín sin un puesto fijo en el orden de la baraja, puede ubicarse donde sea. Y está muy bien. Siendo el arcano representante de esa omnipresencia llamada Dios, se trata de la Totalidad: la energía pura manifiesta en todos los seres. A mí me gusta ponerlo al inicio del mazo, antes del arcano 1, porque remite al Ser esencial: Lo Absoluto, Infinito, el inefable continente del cosmos, representante de la energía inextinguible que anima la vida, origen y destino de todo.
En su aparente nada invisible se encuentra todo en potencia.
A este poder absoluto no me interesa llamarlo «Dios» porque ¿qué es un dios más allá de una figura antropomorfa con poderes sobrenaturales pero ridículamente reducido a las pasiones humanas? En todas las culturas los dioses tiene viditas donde se pelean, se engañan, se odian, se aman, se casan, etc. Sea el Olimpo, Asgard, Orun o el Monte Meru, todos estos dioses y su mitología responden a proyecciones de arquetipos con los que la humanidad se da explicaciones a sí misma acerca de sus distintos contextos, circunstancias, ideas, creencias, carácter, virtudes y sombras. La astrología, basada en la cultura grecolatina y sus mitos, nos enseña bastante acerca de como funcionan los arquetipos, lo que expresan y demuestran de la condición humana. El tarot tampoco escapa de eso, ya lo veremos. Mas toda esa narrativa existencial humana (básica para que los individuos se ubiquen en espacio y tiempo) parte de un principio último más allá de lo humano y su mundo cambiante y finito. A ese principio último yo lo reconozco como El Ser, el Sí Mismo impulsor de la vida y naturaleza de todo cuanto es y existe. En ese sentido el arcano 0, único en su estilo, hace parte de la narrativa exclusivamente como el hilo conductor: el hilo de la vida. Esta energía absoluta que anima todas las cosas, presente en todo a través de la existencia, dentro y fuera de ella. En un mundo finito, la vida es infinita, inalterable, transformadora. Tal como el arcano puede estar en el lugar que quiera, la vida asiste a todas las aristas de la existencia mundana. Cuando este arcano aparece, nos recuerda que hay un impulso vital dirigiendo el camino. La sucesión de los 78 arcanos del tarot tratan de la proyección de este Ser en esencia en el camino de la existencia.
Al final, el camino existencial existe para reconocer al Ser que somos a medida que lo vamos transitando.
El Loco es un arcano muy uraniano. Y más allá de que tanto la carta como al arquetipo Urano se le relacione con la locura, en vista de que los cambio “imprevistos” o extraordinarios resultan algo extraños, o a veces demenciales para la mayoría acostumbrada a seguir un determinado patrón, de lo que se trata realmente lo uraniano es de la Consciencia de Ser.
Considero a este planeta un arquetipo de consciencia. Un rayo de claridad que eleva la mente a un estado superior de reconocimiento de lo que se es en realidad (la Realidad Última). Desde esta perspectiva consciente se pueden entender los cambios como lo que son: evolutivos. El cambio es constante, sin embargo, muchísima gente lo procesa mal, primero, por ignorancia, tanto de no saber como por desatender las señales. La ignorancia es inconsciencia: existir como autómatas sin darse espacio para observar el mundo, las circunstancias, menos la propia alma. Entonces los cambios asustan, duelen, no se ven venir, porque estamos desconectado de nuestros proceso evolutivo. Los cambios jamás suceden de la noche a la mañana. Previamente se van gestando desde ciertas decisiones, acciones, condiciones, que van madurando hasta volverse suficientemente notorias, señal de que la transformación ya está en marcha, de manera irreversible. Si la gente lo ignora, no esté atenta o no quiera asumirlo, eso es otra cosa.
Esencia, cambio, evolución. Esas son las palabras claves de este arcano precioso. Miremos entonces algunos símbolos emblemáticos en la imagen.
Arcano 0, El Loco, en el tarot Rider Waite - Smith
El precipicio: La figura central, el Loco —que el Tarot Rider identifica como un magnifico príncipe— camina despreocupado directo a un acantilado, simbolizando ese nivel de claridad e impulso vital que nos empuja a avanzar con determinación en medio de la incertidumbre, cuando uno reconoce aquello que es, dando ese salto de fe consciente de que algo más grande, sabio, poderoso, nos sostiene. Iniciar una nueva etapa, atravesar un cambio importante desde este nivel de consciencia hace la diferencia. Hay que recordar que todos los cambios, sin excepción —hasta los mas duros, como la muerte de un ser amado, un despido o una ruptura— son evolutivos, nos mueven a un siguiente nivel queramos o no; a veces llegan para romper aquello que por por sí solos no éramos capaces de soltar, lo que nos impedía crecer. La gran enseñanza es lanzarnos a la aventura de la vida con fe, siempre atentos a las señales de los ciclos vitales en desarrollo. Nuestra parte humana es la que necesita crecimiento y evolución, el Ser esencial es la guía espiritual señalando el camino. Hay que detenerse, escucharlo, sentirlo, tomarlo en cuenta: hacer un ejercicio de consciencia.
La figura del príncipe en el tarot Rider Waite - Smith, a diferencia del tarot Marsella que ilustra al arcano 0 como un vagabundo, me encanta porque ciertamente el Ser es Lo Real: en el sentido de verdadero, y también en lo majestuoso, lo elevado, lo valioso, lo prospero de lo que somos más allá de lo humano.
El perro: ese perrillo blanco, tan blanco como el sol en la imagen: símbolo de energía pura, la energía infinita del Ser, justamente representa esas señales que hay que atender y que nos llegan por medio de lo instintivo, de la intuición. A través del camino existencial hay que confiar primero en la esencia, luego en nuestra naturaleza. Un presentimiento, una sospecha, incluso una propensión de nuestro corazón, una inclinación innata, es un mensaje directo de nuestra alma.
El hatillo: ese humilde bolsito atado a un palo que acarrea el príncipe sobre su hombro —curiosa contradicción: uno de la realeza con un minúsculo atado como única pertenecía— es muy especial. Aunque parezca algo pobre, contiene apenas cuatro cositas pero de un valor incalculable: una espada, una copa, un pentáculo, y por supuesto el basto, o bastón. En el Tarot, el recorrido de las figuras en la sucesión de arcanos mayores y menores (desde El Loco hasta el Rey de Oros) señalan el paso del ser humano por este mundo. O mejor dicho, el Ser manifiesto en el mundo material humano. En el arcano 0 esta figura principesca es la representación del Ser en esencia, real, magnánimo, que se aventura a encarnar. Se arroja al mundo con este un pequeño pero sustancial hatillo que contiene los dones que cada persona tiene por naturaleza: talentos, habilidades e inclinaciones. Su dharma (deber y propósito vital) está contenido allí. Estos cuatro elementos representan los pilares del Ser afianzado en la materia. Se miran en los cuatro palos del mazo de tarot, emblemas de las cuatro cualidades humanas básicas que sostiene este mundo: el intelecto en las espadas. Sublimada, la mente da lugar a la inteligencia divina, la Consciencia de Ser; las emociones en las copas, que sublimada dan lugar al sentimiento, la intuición, el amor incondicional y la espiritualidad; la acción en los bastos, impulsada por lo que se piensa y se siente, origen del movimiento, el trabajo y la creatividad, la energía y vitalidad misma; finalmente la materia en los oros, resultado de la integración armónica (o no) de pensamiento, emoción y acción en un resultado tangible. Sublimada la materia da lugar a la riqueza y el bienestar producto de una espiritualidad, consciencia y equilibrio emocional alineados. Estos cuatro elementos nos definen como seres humanos y nos inclinan hacia un determinado camino existencial: el camino recto para nuestra evolución personal (y posterior liberación trascendental).
El arcano 0 —o 22 en algunas barajas— se trata de fe y confianza. El Ser no nos desampara, nos ha equipado con el bagaje espiritual y humano idóneo para emprender el curso vital de la existencia. No hay desafío que no podamos superar teniendo consciencia de lo que somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, y con cuáles herramientas contamos para avanzar en nuestro propósito. Pero todo pasa por comprender la esencia. Y así comienza el Tarot, directo a lo fundamental: abriendo la puerta al descubrimiento de eso que somos desde el primer arcano, esta primera carta: El Loco.
Una maravilla cuánta información puede caber en una imagen…
Inicio entonces este recorrido carta por carta compartiendo la sabiduría de los 78 arcanos que componen la baraja de tarot, vista desde una perspectiva más sublime; espiritual, fuera de insustanciales temas mundanos que desvirtúan el caudal de conocimiento contenido en el tarot. Para mí, tal como lo muestra el mismo mazo, la comprensión y orden del mundo comienza por la comprensión del Sí Mismo. No se llega a ser el rey de oros sin haberse lanzado al precipicio como El Loco. Igualmente, no hay balance material ni bienes ni riquezas sin antes haber reconocido y honrado nuestra esencia vital y naturaleza humana. Ese es el verdadero conocimiento que el tarot tiene para ofrecer, y no se encuentra en ninguna escuela ni ningún erudito lo aconseja. Cada carta revela una imagen de Lo Que Es, y en la reflexión uno mismo por sí mismo la estampa le descubre cosas. Uno se mira, se intuye, se reconoce: vuelve al conocimiento de sí.
Si llegaron hasta aquí, gracias por leerme. Nos vemos la próxima semana para transformar la energía potencial en materia, desde el arcano 1: El Mago.
~Bienvenidos a mi universo.
Heclist



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